Yasuda Yojûrô y Nihon no Hashi: la búsqueda de la emoción transformadora

東海道五十三次 浮世絵の旅

“The oldest stone bridge in existence in Japan is the Megane Bridge in Nagasaki, built in the eleventh year of Kan’ei by the Chinese priest Nyôjo with the Chinese method of stone-bridge building. When I visited Nagasaki in the early spring of Showa 11 and stood on top of this bridge with the secret intention of creating memories, the dirty, polluted Ôkawa River felt sorrowful to me.”

“Massacre and the trampling of human rights are perhaps a reflection of a violent spirit. In either conception, and even in terms of a simple comparison, blood must be shed because of the human awareness of loss. And because there were people who measured out that blood, I think once again of the long period of history, and again, for the sake of that which moves the will of humanity, I demand of myself along with others the shedding of blood that was sacrificed only in vain and is now once again new.”

Ambos fragmentos están extraídos del ensayo “Puentes Japoneses” (Nihon no Hashi), de la versión escrita en 1939 por Yasuda Yojûrô y traducida por el profesor Alan Tansman. Con esta selección he querido transmitir el asombro que experimenta el lector que se acerca al texto sin conocimiento previo del autor y se encuentra con que un ensayo que empieza describiendo y alabando la figura “frágil y triste” del puente japonés termina por hablar de la “necesidad de derramar sangre” por motivos emotivos. Yasuda escribía Nihon no Hashi cuando Japón ejercía una política nacional totalitaria y se encontraba en guerra con sus vecinos asiáticos. Cuando su texto se puso en circulación, no fueron pocos quienes acusaron a Yasuda de colaborar con la elaboración de un justificante cultural que legitime la política militarista japonesa. En esta inculpación hay una intención de condenar a Yasuda por enviar un mensaje político determinado en Nihon no Hashi. Para los críticos de Yasuda, este texto contribuye al embellecimiento del acto de sacrificio, proporcionando una justificación estética y cultural a la muerte del individuo por el colectivo. Ahora bien, ¿es tan claro el mensaje político que se quiere adjudicar a Yasuda? ¿Es justo tratar el texto de Yasuda por sus connotaciones políticas? O, incluso dando un paso más, ¿escribió Yasuda Yojûrô Nihon no Hashi con un propósito político?

Mi intención en este breve ensayo es tratar de demostrar mediante un análisis textual de Nihon no Hashi que las inquietudes de Yasuda, aunque alimentadas por un contexto social ineludible, eran artísticas e intelectuales. Yasuda desarrolló en otros textos la relación cultural de choque entre Oriente y Occidente, el discurso que identifica a Japón “as the only independent, civilized country in Asia” (Yasuda, 1940) y la construcción junto a otros compañeros de la Escuela Romántica Japonesa de un nacionalismo étnico que se distanciase del nacionalismo de Estado. Todas estas cuestiones efectivamente se pueden encontrar en Nihon no Hashi, pero su presencia, aunque reseñable, no debe alejarnos de su tema principal, que es estético, emotivo y literario. Quiero pues acercarme al texto de Nihon no Hashi entendiendo que existía un Yasuda que trabajaba en la producción de “política cultural”, pero que su perfil no debe cegarnos de interpretar “Puentes Japoneses” como una obra estética: es más, el conocimiento de la figura de Yasuda con todos sus matices nos proporciona una visión mucho más completa e imparcial para ver y juzgar qué quería decir, cuándo lo quería decir y cómo lo decía.


1. Yasuda Yojûrô, figura en contexto

El Japón de la década de 1930 vivió el fin del optimismo de la modernidad que había caracterizado el breve período Taishô. El liberalismo fue apagándose, dando terreno a un cada vez más potente extremismo político que terminaría germinando en la creación de un estado totalitario. Un número de marxistas revolucionarios quedaron desencantados por la pérdida de motivo y terreno en el ámbito intelectual y político del país, por lo que mutaron sus ideas o se retiraron de la vida pública, preocupados por la radicalización de las medidas de censura que llegaban desde el gobierno.

Uno de estos marxistas desencantados era el joven Yasuda Yojûrô. Junto a otros ex militantes como Kamei Katsuichiro y Hayashi Fusao, formó y lideró la llamada Escuela Romántica Japonesa. Influenciados por su homónima alemana, los Románticos japoneses sentían que la modernidad había perdido el rumbo y ya no podía servir como guía cultural. Ante esta incerteza y sensación de falso fin-de-siècle, los Románticos querían construir una nueva punta de lanza cultural: preocupados por la pérdida de motivo, creían que era preciso recuperar las bases de la esencia de la identidad cultural japonesa para aplicarlas en su presente y construir un proyecto de futuro intelectual. Es ilustrativo ver cómo Kamei ve al artista romantico: “a perpetual ‘rebel’ (as distinct from a ‘revolutionist’ who must become part of the new establishment after the revolution succeeds) whose own sense of identity was always caught between the rival demands of skeptical reason and creative passion.”(Doak, 1996).

La Escuela Romántica Japonesa se preocupaba también por elaborar un sentido de nacionalismo étnico que se diferenciase del nacionalismo estatal. Se consideraban “nacionalistas culturales”, y no creían que el Estado constituyera una forma de identidad cultural válida para representar a los japoneses, más cuando su estructura había sido prestada de Occidente (Doak, 1996). Muchos de los Románticos, como ya hemos dicho, venían de tradición marxista y no habían perdido sus enseñanzas anti-autoritarias, entre ellos Yasuda. Los Románticos deseaban separar la identidad japonesa de la figura del estado y devolvérsela a la cultura. En el anuncio de la escuela, publicado en la revista Cogito el 1934 avisaban: “The Japanese Romantic School pays no attention to history”. Pero esta “historia” de la que hablan es aquella que se relaciona con las instituciones de poder y que se crea como herramienta de legitimación durante el período Meiji para reforzar la figura del Estado moderno. En Nihon no Hashi encontramos una preocupación por la historia poética, musical, arquitectónica y de identidad. Es una historia cultural, que Yasuda irá trazando para convertir su concepto de hashi como japonés a través de los tiempos, del pasado al presente, y hacia el futuro. Con esto Yasuda responde al eco de sus compañeros románticos en su propuesta por construir un nacionalismo cultural.

Cuando se critica a Yasuda por ser nacionalista se debe prestar cuidado a qué tipo de nacionalismo se refiere. Como Kamei, Yasuda defendía la producción de “política cultural” en vez de “política”. Esta distinción era polémica y le supuso críticas de pensadores de su época y de postguerra. De entre las críticas, descartaré primero aquellas que querían convertir a Yasuda en un escritor fascista. Yasuda mismo se defendió de estas acusaciones en 1938 en su ensayo “Qué es ser japonés”, recordando su papel activo como crítico del estado. Es una distinción difícil e importante: Yasuda no proponía políticas de acción, puesto que era intelectualmente contrario a ellas. El totalitarismo del Estado japonés proponía una solución a la incerteza de la modernidad mediante la ambición de la construcción de un Estado superlativo y la superioridad del individuo mediante la superioridad del colectivo. La solución de Yasuda a la misma inquietud también pretendía unir el individuo al colectivo, pero mediante la identidad cultural, apelando a la emoción. La diferencia sustancial entre ambas visiones, que se mueven en paralelo y comparten peligrosamente ciertos aspectos estéticos, se encuentra en el propósito. Es difícil (si no imposible) acertar a señalar el propósito de un autor al escribir un texto, puesto que en algunas ocasiones ni él mismo lo conoce, y en otras cobra más relevancia las interpretaciones de sus propósitos hechas por terceros a la intención original. Pero sí podemos tratar de estudiar qué y cómo es el texto, apoyándonos en nuestro conocimiento del autor, para extraer un mensaje que nos ayude a comprender qué objetivo quería realizar cuando lo elaboró.

Ya hemos acordado que Yasuda no era un escritor afín al Estado, y sin embargo compartía con su política la necesidad de una transformación. La principal diferencia es que la política de acción del Estado es finalista, mientras que Yasuda nunca propone un plan de acción, es decir, se queda en el tránsito. No es que prefiera no ofrecer resultados concretos, Yasuda los elude porque su objetivo no es alcanzar ningún puerto, sino zarpar del que se encuentra, que es la incerteza de la modernidad, abrazando la transformación en sí misma. Nihon no Hashi es contenedor de ideas e instrumento al mismo tiempo: pretende ofrecer herramientas para la transformación, mientras transforma en sí mismo.


2. Kotodama o la magia de las palabras

Yasuda creía en el poder de la literatura para provocar cambios. Creía que las palabras contenían un gran poder al ser capaces de encapsular la fuerza de las emociones a través del tiempo. En Nihon no Hashi, Yasuda, en su pretendido regreso al sublimado pasado arcaico japonés, alaba la capacidad de los “antiguos japoneses” de conocer y controlar la “magia de las palabras” o kotodama. El término kotodama hace referencia a la facultad de las palabras invocadas (kotoage) en los cánticos religiosos y espirituales de provocar una transformación emotiva en quien las escucha. Yasuda admiraba la capacidad de la música por exaltar el espíritu, y deseaba lo mismo para las palabras, por lo que quería trasladar la magia del kotodama clásico a un perfil más moderno. El kotodama cobra dos formas: el significante, la palabra como objeto, que a base de repetición crea un ritmo, un eco, una resonancia que va calando con un ejercicio de penetración psicológica, y la función somática de los términos escogidos, polisémicos y que buscan la activación del intelecto mediante la emoción.

Nihon no Hashi está construido como una plegaria: el término hashi se va repitiendo una y otra vez a lo largo de las páginas, relacionando conceptos, situándose como el punto de referencia a la hora de entender tiempo (pasado y presente), lugar (el recitar de los puentes repartidos por todo Japón suponen un viaje por la geografía del archipiélago, que también se ve contrapuesta por los puentes de occidente, tanto los romanos de piedra como los modernos de metal) y persona (identificando los hashi con una estética específica de awareppoi, “frágil y patético”, relacionándola con la propia estética emotiva de los japoneses como cultura, desde la base hasta sus días). Hashi es la palabra omnipresente, el término clave que conjura el hechizo de Yasuda para ir desarrollando capa tras capa el argumento circular de Yasuda, que desciende en espiral, ganando en fuerza. Conforme avanzas en el texto, la repetición de hashi es más constante y la relación que establecías en el principio con el puente japonés que se encuentra Yasuda en sus viajes va difuminándose para ir ganando en profundidad. Hashi, como significante, mediante su repetición y asociación a otros conceptos como la poesía, la leyenda, la diferencia Oriente-Occidente, la estética del mono no aware, la relación hombre-dioses (es decir, material-trascendental), se vacía de su significado original para convertirse en el aleph personal de Yasuda, con el fin de que su invocación (su kotoage) trasporte al lector a sentir aquellas impresiones y emociones que una a una había ido asociando al hashi. Ése es el poder transformador de las palabras, el kotodama de Yasuda: la capacidad de concentrar en una palabra emociones que en principio superan el lenguaje. Esta es la “palabra verdadera” que dice Tansman, “through this ‘true’ language Yasuda hoped to lead readers to moments beyond contradiction – pure asthetic moments, like music – that the intellect could not penetrate, or disturb, with its ratiocinations.” (Tansman, 1996)

Si entendemos que Nihon no Hashi es un conjuro, debemos ver qué efecto espera. Yasuda nos prepara mediante el cántico, la plegaria que dice Tansman “whose pulse revives the power of kotodama” (Tansman), para conmovernos con la emoción que supere la incerteza de la modernidad y eleve el espíritu. Justo al final de Nihon no Hashi, Yasuda nos ofrece su idea de la emoción “eternally beautiful – an emotion like the fundation of the entire spirit of human culture”, inútilmente inalcanzable, pero cuya persecución da sentido a vivir y sentir. Esta idea de la emoción une el puente con el sentimiento, y en ella desata todo el poder mágico que había acumulado en la palabra hashi: Yasuda narra la historia de la madre que manda construir un puente en honor a su hijo muerto en el campo de batalla durante la época Kamakura. Para honrar su memoria, inscribe en la base del puente unos versos, para que el recuerdo de su dolor sobreviva en el tiempo.

Yasuda dice, “this woman, who built a bridge from the excess of her sorrow, understood, more than anyone else, deeply and with subtlety, through her emotions, the symbol of the bridge and the foundation of the sorrow of Japan’s bridge builders.” El “symbol of the bridge (hashi)” apunta a decir que hashi funciona como concepto racimo, y que su asociación con la emoción hace de hashi un sinónimo de la emoción misma, es decir, pronunciar hashi al final del texto de Nihon no Hashi es invocar la emoción que hace conmover hasta las lágrimas a Yasuda. Yasuda invitaba al lector a experimentar el poder transformador de las palabras, puesto que tenían capacidad de elevar el espíritu y emocionar en época de incerteza hacia estados trascendentales. Este “poder transformador”, aunque patente en las palabras, debía ser aprendido, y para ello había que realizar un profundo ejercicio de estudio y recuperación del kotodama. Para ello Yasuda había necesitado además pasar por un complejo proceso de estudio del hashi, utilizando la contradicción como método productivo, es decir, excitando al intelecto a base de contrapuestos para producir de la fricción una emoción bella y completa.


3. La contradicción como método de transformación

Hasta ahora hemos visto que Yasuda había preparado Nihon no Hashi como un hechizo que lograra imbuir al término hashi de un poder desencadenante de emoción. Pero para llegar a este punto, Yasuda desarrolla alrededor de hashi todo su potencial interpretativo. Creo que es lícito comenzar preguntándose por qué hashi (como puente). Ya hemos visto que Yasuda se encuentra como intelectual de 1930 con la necesidad de encontrar respuesta a la incertidumbre de su época. Consideraba la cultura y la civilización estancada, y era preciso un nuevo movimiento de creación que despertara el espíritu. La palabra clave es transformación. Doak habla de “construcción de nacionalismo étnico”, Tansman de “elaboración de política cultural”, pero en esencia viene a ser un movimiento transicional que termine con el desencanto y la angustia del presente. Que Yasuda se vea atraído por la figura del puente no es casual: el puente japonés (tal y como él lo describe) es comunicación y traslado de un punto a otro, pero también es un fin. Este fin del que habla Yasuda (y que intenta decodificar Tansman en su largo ensayo “Bridges to Nowhere”) no es una meta, sino un propósito en sí mismo: es el movimiento como fin. Es decir, el puente es atractivo para Yasuda porque implica movimiento, y movimiento es lo que necesita para escapar de la incertidumbre.

Que un elemento sea “movimiento” y “fin” al mismo tiempo supone una contradicción. Que sea una contradicción es precisamente lo que encuentra más atractivo Yasuda: mediante la asociación de elementos aparentemente opuestos (naturaleza-artificio, material-abstracto, viejo-nuevo, etc), al borde de la razón y la imaginación, surge la emoción. El puente de Yasuda es aquella figura que crea la mente entre el individuo que observa el objeto material y el objeto mismo: es un puente imaginario, que puesto en suspensión, separado de la percepción sensible y la racionalización signo-significado, adquiere mayor profundidad.

Cuando Yasuda recuerda los puentes que han sobrevivido al tiempo, lo que hace es convertir el puente en un instrumento que trae el pasado al presente y lo proyecta hacia el futuro. El puente es una construcción humana, pero para el poeta Bashô forma parte del escenario natural, y es esta simbiosis naturaleza-artificio la que acentúa Yasuda. La figura en poesía de los “Puentes Flotantes” cumple para Yasuda la función de recordar que un elemento estático también conlleva el propósito de movimiento de un lado a otro, sin estar fijo en ninguno de sus dos polos. Su esencia se encuentra en ambos sitios, comunicando, quieto en su movimiento. Yasuda convierte la figura material del “puente” en un abstracto.

La contradicción como fuerza productiva hace referencia a la unión mediante abstracción de dos conceptos distanciados por la razón y unidos por la imaginación. En Nihon no Hashi, Yasuda “vacía” la palabra hashi de su polisemia habitual, convirtiéndola como ya hemos visto en un “concepto clave”. Pero su objetivo más complicado es unirlo a la emoción humana.

Primero nos habla de cómo si en una poesía aparece un “puente”, con el tiempo este “puente” acaba por adquirir la emoción que deseaba transmitir el poema (pasión, tristeza, separación). Esto prueba cómo hashi puede convertirse en metáfora de una emoción concreta. Pero más adelante hace una apuesta más arriesgada: vincula los puentes con la guerra medieval, y lo hace introduciendo los conceptos de creación y destrucción. Para Yasuda, construcción implica destrucción, es decir, la transformación conlleva el abandono de una forma anterior con el fin de adquirir una nueva. Yasuda valora esta voluntad de transformación. El puente es comunicación, es transición, igual que el estado intermedio entre destrucción y creación es transformación.

Cuando Yasuda habla de la capacidad de inmolación, o del “derramamiento de sangre”, está evocando la facultad transformadora de la muerte. Revisemos la cita que encabeza el artículo, “blood must be shed because of the human awareness of loss”. La justificación que proporciona Yasuda para el sacrificio es la adquisición de conciencia de una destrucción (loss), y esta “awareness” es en sí mismo un tránsito emotivo. La finalidad del sacrificio no se encuentra en un objetivo político, ni tampoco Yasuda aboga por la directa necesidad del derramamiento de sangre: cuando dice “must be shed”, lo que implica es que para que el ser humano sienta en máxima esencia la auténtica pérdida, necesita la muerte como símbolo de esta transformación. Siendo esta una noción cultural compartida, para Yasuda, el sacrificio humano funciona como el movimiento definitivo de transformación e integración del individuo en su colectivo, y de ahí que utilice el “we must shed blood” como llamamiento.


4. Yasuda el poeta, no el político

Cuando Nihon no Hashi comenzó a circular por Japón no tardaron en aparecer críticas que, si bien se encontraban en extremos de la paleta cromática, vinculaban el texto de Yasuda con una clara intención política. Antes hemos recordado la dificultad que subyace a la hora de acertar a señalar la intencionalidad de un autor cuando redacta un texto, si es que la tiene clara. Es igual o más difícil medir el acierto de las interpretaciones que hacen terceros sobre la también difícil de determinar intención primaria del texto. El público lector se hace una idea o construye una impresión modulada por la interpretación que han hecho del mismo texto críticos y académicos, y entre esta cacofonía el propósito inicial, si dado, desaparece, muta o cambia de significado. Como sucedió con otros escritores y filósofos japoneses de la misma década, Nihon no Hashi no escapó a ser interpretado buscando (incluso forzando) cualquier lazo que pueda estrechar con la situación política del país. Esta mirada “politizadora” en sí no es negativa, siempre que se fundamente en bases críticas y analíticas y no en burdas acusaciones de asociación simplista o generalista, como diría Yeats, “how can we know the dancer from the dance?”. Yasuda era consciente de la realidad política del Japón totalitario, y su dialéctica estaba incuestionablemente influenciada por la guerra, el debate de la identidad cultural nacional y las políticas uniformadoras del individuo integrado en el colectivo. Sería naif y de una falta de rigor imparcial tomar los términos “sacrificio”, “inmolación” y “derramamiento de sangre” y aislarlos del contexto en el que están escritos. Pero al mismo tiempo, tampoco debemos dejarnos llevar precisamente por las implicaciones de estos mismos términos, y aceptando que el texto de Yasuda, con o sin la intencionalidad expresa del autor, fue interpretado para un uso político, quedarnos en la mera crítica política y convertir Nihon no Hashi en un panfleto en prosa poética.

Kurihara Katsumaru, después de la guerra, decía que Yasuda “beautified the battlefield and elevated action to the status of art” (Tansman, 1996). Para Kurihara, Yasuda vistió de gracia y encanto la muerte del soldado japonés, le proporcionó una imaginería pasional, una idea emotiva que fuera más allá del triunfo pragmático de un país en una guerra o de la voluntad de servir al emperador a la patria: convirtió en épica la muerte en el campo de batalla, la muerte por unos ideales que se aceptaban como propios, y que eran parte de la esencia japonesa. Y sin embargo Yasuda se pregunta, “Did my writing then really send young men to their deaths?” (Noguchi, 1989). Yasuda se desmarcaba de esa interpretación que quería trasladar las imágenes emotivas de su literatura a la realidad y cargarlas de una intencionalidad política. Yasuda era también un escritor, un literato, y en este breve ensayo me gustaría defensar que “[the] literature should not be reduced to politics” (Doak, 1996).

Yasuda era un soñador, no un hombre de acción. Él se conformaba con la imagen, con la belleza que evocaba con fuerza, y no con la realización. Si recordamos al Yasuda del final de Nihon no Hashi, tenemos un joven encerrado en su estudio, exprimiendo sus recuerdos, usando “todo su intelecto” para alcanzar a entender por qué le parece tan sublime la imagen del puente asociado a la pena. Yasuda quería saber por qué la emoción del inmenso dolor de la madre por el sacrificio de su hijo se había magnificado por su relación con el puente. ¿Qué tenía el puente que convertía la aflicción de la madre en una emoción tan acaparadora? Nihon no Hashi es un estudio de la genealogía de esta emoción, y mediante el kotodama Yasuda esperaba compartir con el lector este gran momento estético que conseguía inspirarle y despegar de la incerteza y el disgusto.

El “poder transformador de la palabra” tiene una interpretación peligrosa. No quiere decir que Yasuda esperara con Nihon no Hashi influir en la realidad política. Esperaba influir en el individuo, en el espíritu y la emoción. Ir más allá se escapa del poder del texto. Yasuda quería proporcionar ese “momento estético” que no acababa de entender pero que tanto le inspiraba. Si el objetivo del texto es lograr este “momento estético”, esta emoción, no puede decirse que Yasuda fuera finalista. Yasuda escoge el puente porque para él simboliza tránsito y comunicación: la emoción parte de un estado y lleva a otro, como un puente, que parte de una orilla y lleva a otra, pero para Yasuda lo que importa es la belleza de esta emoción, no su propósito.

Yasuda debía creer en el poder transformador de la palabra, porque proporcionaba seguridad al medio imaginado de transformación romántica, pero prefería el estado de comunicación que su imaginación le proporcionaba, porque confería a la literatura, a la poesía, todo el poder cinético entre estados. La consecución del ideal es igual de frustrante que el estado inicial, porque el éxtasis emotivo se encuentra en el proceso de cambio, en el movimiento. El puente no está ni en un lado ni en el otro del río: es tránsito, y de ahí su fortaleza. Yasuda quería cambiar el mundo mediante la literatura, no con la guerra.


Bibliografía

Doak, K.M., 1996, “Ethnic Nationalism and Romanticism in Early Twentieth-Century Japan”, Journal of Japanese Studies, Vol. 22, No. 1 (Winter, 1996), pp. 77-103

Tansman, A., “Bridges to Nowhere: Yasuda Yojûrô’s Language of Violence and Desire”, Harvard Journal of Asiatic Studies, Vol. 56, No. 1 (Jun., 1996), pp. 35-75

Tansman, A., 2002, “Images of Repose and Violence in Three Japanese Writers”, Journal of Japanese Studies, Vol. 28, No. 1 (Winter 2002), pp. 109-139

Yasuda, Yojûrô, Alan Tansman, 2008, “Japanese Bridges: Japanese Bridges a Translation of Yasuda Yojûrô’s ‘Nihon no Hashi’”, The Journal of Japanese Studies, Vol. 34, No. 2, (Summer 2008), pp. 262-294

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